MANUAL PARA IZQUIERDISTAS ARREPENTIDOS

El “mercado” retribuye generosamente a los que reniegan de los principios en los que un día creyeron.


Javier Sánchez R. (04/07)

UN TEXTO DE Emir Sader, titulado provocativamente “Guía para ser ex izquierdista”, nos ha advertido acerca del empeño de ciertos personajes de nuestro continente, reciclados en consultores de algunos centros de pensamiento “progresista”, en tratar de detener el reloj de la historia y evitar a toda costa la unidad de América Latina.

“El mercado retribuye generosamente a los que reniegan de los principios en los que un día creyeron” consigna Sader. Sirve para aquellos que asumiendo una versión particular del fin de la historia asumieron cargos en grandes publicaciones de un medio monopolista o en alguna gran empresa privada, que exigen silencio o declaraciones adaptadas a los intereses de los patrones. Los izquierdistas “arrepentidos” o “convertidos” que se pasan la vida “limpiándose” de sus “pecadillos de juventud” no serían casos aislados.

Para lograr ese lavado de imagen, eso sí, es obligatorio asumir públicamente que “se es imbécil a los 20 si no se es radical; y se es imbécil a los 40 si sigues siéndolo”; o lo que es lo mismo, afirmando que se tuvo una juventud agitada antes de llegar a la edad de la razón.

Otro paso ineludible es repetir de manera verbal o escrita que “el socialismo fracasó” o que "se está decepcionado con la izquierda”. Luego de ello se estará en condiciones de afirmar que “ya no hay ni derechas ni izquierdas”, que algunos que se dicen de izquierdas en realidad son una “nueva derecha”, y que son peores que la derecha y que por lo tanto es mejor ser equidistante. Del escepticismo se pasa fácilmente al cinismo de “votar por la derecha asumida” para derrotar a la “derecha disfrazada”.

Otra fórmula garantizada para avanzar en esta dirección es criticar vehementemente a Stalin. Después de decir que fue igual que Hitler, haciendo un símil sobre “los dos totalitarismos”, se debe afirmar que “apenas aplicó las ideas de Lenin”. Se debe agregar que el marxismo es reductor, que sólo tiene en la mira a la economía, que su reduccionismo es la base del “totalitarismo”. Que redujo todo a una contradicción capital-trabajo, sin tener en cuenta las “nuevas subjetividades”, derivadas de las contradicciones de género, etnia, medio ambiente y otras.

Por cierto, cualquier aspirante a ex izquierdista no debe hablar de Fidel sin utilizar previamente el adjetivo “dictador” y llamarlo Castro en lugar de Fidel. Debe descalificar a Hugo Chávez como “populista” y a su vez como “nacionalista”, dándole a todo esto una connotación de “fanatismo” o “fundamentalismo”. Concentrar la atención en América Latina sobre Bolivia y Venezuela como países “problemáticos” e “inestables”, por supuesto sin siquiera mencionar a Colombia.
Además, siempre que se hable de la ampliación de la democracia en el continente, añádase “excepto Cuba”. No hablar nunca del bloqueo norteamericano que desde hace más de cuatro décadas impone Estados Unidos a la mayor de Las Antillas, sino siempre de la “transición”, dejando siempre suponer que en algún momento transitarán hacia nuestra “democracia occidental”. También debe asumirse que América Latina “no existe”, que son países carentes de unidad interna. Que nuestra política externa ha de tener miras más altas, relacionarse con las grandes potencias y tratar de ser una de ellas, en lugar de seguir conviviendo con países de la región y cualquiera del sur del mundo.

Sobre el acceso a la universidad, debe decir que lo más importante es la igualdad ante la ley y que será la mejora gradual de la enseñanza básica y media la que permitirá que todos puedan finalmente -aunque no se sabe cuándo- acceder a las universidades públicas. Decir, siempre, que el principal problema del país y del mundo es la educación. Que hay trabajo, que existen posibilidades, pero que falta calificación de la mano de obra. Que lo fundamental no son los derechos, sino las oportunidades.

Por cierto se debe descalificar siempre al Estado, como ineficaz, burocrático, corrupto y corruptor, en contraposición a la “economía privada” o al “mercado” con su dinamismo, su eficiencia y su capacidad de innovación tecnológica. Exaltar las privatizaciones de la telefonía -“antes nadie tenía teléfono, ahora cualquier pobre en la calle va con un celular”- y las sanitarias, callar sobre el éxito de cualquier empresa estatal que subsista o afirmar que “si se hubiera convertido en empresa privada, ¡sería mucho mejor!”.
Así pues, existen numerosos motivos para el que haya decidido dejar de ser de izquierda e intentar ganarse la vida de espaldas al mundo y para beneficio propio. El “mercado” retribuye generosamente a los que reniegan de los principios en los que un día creyeron.
Pero es mucho más fácil ser de izquierda. Para serlo no son necesarios pretextos, bastan las razones sobre lo que es este mundo y lo que puede ser otro mundo posible.


COMENTARIOS DE LECTORES

* El mejor manual para ser izquierdista vigente, es no tener cojones para ganarse la vida, y exigirle a papá Estado que te mantenga con la guatita llena. Suzaeta (04/07)
* El mejor manual para ser ex izquierdista es documentarse sobre la URSS, y los países tras la cortina de hierro. Los que fuimos izquierdistas, y tuvimos la oportunidad de vivir la experiencia de los países comunistas, nos declaramos ex izquierdistas -marxistas -leninistas. Mario Melgar (04/07)
* ¡Qué bien! Apareció el primero en dar la cara. El señor Mario Melgar. Y concuerda con el manual. Sólo que le apuesto a que no agarró ni uno. Isaac Alterman (04/07)
* Señor Melgar, usted nos ha dejado "spechless". Nada más que agregar. Limanesa (04/07)
* Cuando el argumento que se esgrime para descalificar es "agarrar o no agarrar", está siempre detrás la frustración de "no estar agarrando ni uno". M. Melgar (04/07)

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